La importancia de la adecuada detección de Creencias Negativas en el protocolo de EMDR

Introducción

El método EMDR, acrónimo para Eye Movement Desensitization and Reprocessing o, en nuestra lengua, Movimientos Oculares para la Desensibilización y el Reprocesamiento; ha integrado además de las bases neurológicas del modelo médico, aspectos de las diversas corrientes psicoterapéuticas.

De la psicodinámica, aquellos conceptos de recuerdos negativos infantiles, abreacción, asociación libre y catarsis. De
la corriente sistémica, el modelo de procesamiento de la información. De la Programación Neurolingüística (PNL), el tratamiento visual del recuerdo y los anclajes. Del psicólogo William Reich, la zonas psicocorporales. De la psicología humanista de Carl Rogers y Maslow, la terapia centrada en la persona. Pero las dos escuelas que determinaron su eje son el conductismo y el cognitivismo. La primera, aportando el marco del condicionamiento clásico y operante, las técnicas breves de exposición, la desensibilización, el uso de estímulos de atención dual, el reforzamiento positivo y la generalización de conductas; mientras que la segunda lo hace con las técnicas de autocontrol, las intervenciones cognitivas, la difusión de información trascendente, el manejo del estrés con técnicas de relajación y visualización, el uso de
las escalas del protocolo SUDS (Escala de unidades subjetivas de perturbación) y VoC (Escala de validez de la cognición) y por último, aunque destacada en este capítulo, la identificación de la cogniciones.

La terapia cognitiva o también llamada cognitivo conductual, se sostiene en la hipótesis de que los patrones de pensamiento, llamados distorsiones cognitivas, tienen efectos negativos sobre las emociones y la conducta, y que, por lo tanto, su abordaje por medio de intervenciones psicoeducativas y de práctica continua, puede mejorar el estado del consultante. Desde esta base teórica surge la importancia de identificar estas cogniciones o patrones de pensamiento negativos, para su adecuado tratamiento con diferentes técnicas, en nuestro caso con EMDR.

Este método incluye el objetivo a trabajar. Es allí, donde la adecuada selección de las Cogniciones, en especial de la Cognición Negativa cobra importancia y se destaca su correcta selección.

Dentro del marco teórico cognitivo conductual y en los que se sostiene el método EMDR, el objetivo de este trabajo será aportar conocimientos destinados a desarrollar los conceptos de Creencias Negativas y Cogniciones Negativas en general y más específicamente, la importancia de su adecuada selección en el trabajo con el paciente.

Para ello, me apoyaré en la bibliografía referenciada y parte de mi experiencia en el consultorio utilizando el método EMDR, de donde tomaré algunas observaciones y la presentación de un caso en el que se abordará el tema de creencias.
Como los términos “Cognición” y “Creencia” son mencionados en una vasta literatura, a veces de modo equivalente, otras inclusivamente, debido a diferencias conceptuales algunas y por motivos de traducción de la lengua inglesa las demás; se
utilizará el término “Creencia” en sentido general, mientras que en el protocolo EMDR usaré ambas palabras, “Cognición” y “Creencia” con el significado que le ha dado la creadora del método.

Creencias,conceptos generales

Las creencias constituyen una de las fuentes del conocimiento, formado por la influencia del conjunto de nuestras relaciones interpersonales, y todas dentro de un determinado escenario socioeconómico y político; por lo cual, su contenido es múltiple, tanto más rico y variado en la medida en que la propia vida del individuo lo sea. El grado de convicción en el sujeto, radica en el origen de sus creencias, es decir, de dónde o de quién proviene la información y por tanto, del poder de persuasión o sugestibilidad de éste y de la sugestionabilidad de aquel, además del reforzamiento positivo o negativo que a lo largo de su vida haya acumulado en su personalidad. Por lo tanto, una creencia difícilmente puede tener una valoración neutral, o si la tiene no afecta significativamente el funcionamiento de una persona. En general, aquellas creencias que estimulan potencialidades y permiten afrontar con éxito situaciones complejas, son de valoración positiva, en tanto que las opuestas, las que limitan o impiden el afrontamiento de las situaciones, son de valoración negativa.

Albert Ellis (1989) considera que toda persona tiene Creencias o Pensamientos Racionales y Creencias Irracionales. Describe a las racionales como acertadas, realistas, que aumentan la autoestima, y por tanto, ayudan a la supervivencia y a la felicidad humana, siendo más saludables emocionalmente; mientras que a las irracionales, le atribuye cualidades experienciales, partiendo de que existe una tendencia natural en su formación, y un aprendizaje en su contenido, el que ocurre durante la vida del sujeto y que determina una amplia gama de problemas emocionales, conductuales e interpersonales. La creación de la Terapia Racional Emotiva‐Conductual (TRE‐C) de Ellis, tiene por objeto cambiar dichas Creencias Irracionales por otras más adecuadas y racionales.

En una línea similar, la teoría desarrollada por Aaron Beck, se refiere a que la conducta de un individuo es determinada por la percepción particular que este tiene de su entorno y de la forma singular de interpretar los acontecimientos. La percepción e interpretación va creando un esquema cognitivo o “sistema organizado de creencias”, hasta convertirse en estructuras que organizan y clasifican estos esquemas que se irán complejizando hasta formar, mediante redes, estructuras jerárquicas. Cuando hay errores perceptivos en el procesamiento de la información de las relaciones interpersonales, estos errores tienden a ser repetitivos, y como se retroalimentan, se instituye un esquema desadaptativo o sesgado que falseará la percepción. Ese esquema cognitivo o sistema organizado de creencias dará lugar a emociones y conductas disfuncionales. El objetivo de la terapia cognitiva estaría destinado, por una parte, a captar la imagen que la persona tiene su experiencia y tratar de cambiarla y, por la otra, reorientar y reconstruir las supuestas distorsiones que produjeron las percepciones erróneas y las expectativas equivocadas para volverlas adaptativas.

Integrando los conceptos antes mencionados, podemos definir que una creencia en sentido amplio, es una evaluación resultante de una percepción del entorno. Su grado de certeza depende del origen, de la persuasión y de la sugestión del sujeto y de la sugestibilidad de la fuente. Las creencias pueden ser generales, como conceptos sobre el mundo o particulares, sobre el sujeto mismo; pueden ser racionales e irracionales y más o menos conscientes. Las creencias se agrupan en patrones afines, cada vez más complejos y organizados hasta constituir sistemas sumamente elaborados y que de acuerdo a su connotación, afectan las áreas emocionales, conductuales e interpersonales el individuo.

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